Friday, December 30, 2011

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Franka Potente "Die Welle" en semana del cine alemán en la Cinemateca maternity fashions
Alemania de hoy día. El profesor de una high school Rainer Wenger comienza con sus estudiantes un proyecto de una semana para que puedan comprender cómo surge una dictadura fascista, experimento pedagógico que tendrá desastrosas consecuencias. Lo que comienza con conceptos como la disciplina y el igualitarismo, se convierte en un movimiento incontrolable llamado La Ola. Pronto sus integrantes comienzan hostigar a aquellos que piensan diferente y será demasiado tarde para que el profesor pueda cancelar el proyecto... Un filme inspirado en un hecho real, el experimento que realizara junto a sus estudiantes el profesor Ron Jones en California, en 1967, trasladado por el director Gansel a la actual Alemania. En los German Films Awards 2008, la cinta ganó el premio bronce al mejor largometraje de ficción y el actor Frederick Lau el premio en oro al mejor actor de reparto del año. La película, además, fue nominada al premio del público en los premios del cine europeo, y el actor Jürgen Vogel recibió una candidatura en dicha premiación. Así es presentada en el catálogo de la semana de cine alemán, la sinopsis de Die Welle. A primera vista llamativa, a primera vista interesante. Así que me animé y me pasé por allí. (A falta de conexión, cine Chaplin) La daban en la tanda de las cinco, única y última vez dentro de la programación, donde cada película (siete en total, bien pobre representación) se repite en alternancia de tandas a lo largo de la semana, menos justamente La Ola, que se pudo ver únicamente a las 8:30 de la noche del pasado miércoles en la inauguración, y sólo para los privilegiados acreditados y los estudiantes de la EICTV (Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio). Según la poco confiable más abajo se enteran por qué lo digo- Cartelera de la Cinemateca, la película fue vista en Alemania por 2,5 millones de espectadores, y aquí, si sumamos las ochocientas butacas del Chaplin y no descartamos la distribución pirata en bancos clandestinos, podemos aproximar una cifra cercana a las veinte mil personas... aunque creo que estoy siendo ciertamente muy inexacta, y menos confiable que la vilipendiada cartelera y este número pudiera ser menor. Llegué siete minutos antes de las cinco y la multitud doblaba la esquina de la calle 10 hasta casi el final de la cuadra. Nunca imaginé tal concurrencia, sobre todo por el evidente conocimiento de la existencia de la película, muy reciente si se compara con las demás anunciadas (todas del 2006 y el 2007, incluso varias de ellas vistas ya en años anteriores en esta misma «semana de cine alemán») a juzgar por la asistencia desmedida del público, en general, debo decir, bastante joven. El cine desbordó su capacidad, y entré con media hora de retraso -detrás de mí siguieron entrando y subiendo más personas hasta que no cupo más nadie . Pero es política del Chaplin ser estrictamente puntuales, así que no presencié los incipientes y espontáneos aplausos generales que provocó una de las primeras escenas cuando este carismático y popular profesor el protagonista de la historia- explica a sus estudiantes que un autócrata dictador es aquel que cambia y dispone de las leyes cuando más le conviene. Ni tampoco pude oír, cuando el primer actor abrió la boca y salió de ella un acento madrileño del peor gusto, el murmullo general de descontento que llenó la sala por encima del Dolby Sorround Digital System; porque después de todo somos un público educado y exigente que pocas veces puede admitir un espantoso doblaje de estos, que tienen el total poder de arruinar las mejores cintas que para nada es el caso. «Así la mandaron los alemanes, pero no por eso dejes de verla», es la conforme respuesta que obtuve afuera de algún enterado que me previno, así que yo por lo menos estaba en sobreaviso y no puedo quejarme porque fue mi decisión, pero la gran mayoría sí que no lo sabía y fue un golpe duro. Pero esta suele ser la clase de película destinada a un público masivo: jocosa, ingenua y efectista. Público que rápidamente superó y toleró la copia doblada que nos asistía, donde los germánicos adolescentes se expresaran con joder, la ostia y vale, tío. Y aunque no se puede negar que se trata de una buena historia, realidad-ficción aparte, el guión tiene muchos baches irreparables y no parece que fuera un producto final para la pantalla grande. Pero termina conquistando igual a los más entusiastas seguidores de este tipo de cine. Una señora decía a la salida que cada vez que se habla de dictadura aquí, la gente se reconoce y se identifica, y esto es un éxito seguro para Die Welle en La Habana. Leí azorada en el suplemento mensual Cartelera, Cine y Video, que su director Dennis Ganset, era el ganador del Oscar por su anterior producción: La vida de los otros. Falso: Florian Henckel von Donnersmark fue el guionista y director de Das Leben der Anderen -que considero además incomparablemente superior en todo sentido, a esta ligera cuasi teleplay, o para ser menos injusta, este nada del otro mundo pedazo de filme- que me resultó La Ola, o bien, muchos ruidos, pocas nueces... que viene repitiéndose en las muestras-, cuyo visionaje me hizo desarmar las cajitas del teléfono y registrar el mismo en busca de dispositivos grabadores en mi casa cuando regresé del cine y me tuvo una semana paranoica hablando en monosílabos con mis amigos cuando me llamaban. Pedagogía demagógica y moraleja, dos repelentes que rehúyo siempre que puedo, aquí se hacen presentes. El personaje protagónico queda cojo al no definirse bien qué es lo que en realidad persigue con su experimento. Y esto me hace recordar justamente El Experimento, con la maravillosa Franka Potente (Lola rent) para la televisión, mucho más lograda también en narratividad y desarrollo. Pero no quiero criticar tanto la película como a sus promotores. Lo que no se entiende aquí es por qué este filme, de cierto modo inocente, no se puede exhibir normalmente en nuestras salas, para el gran público que amerita. Por qué destacarle entonces con su única presentación y por qué no atender a la gran demanda que supone el tratamiento de este tema y no ponerla incluso en la televisión, una indiscutible mejor plataforma para esta cinta. Soñadora de mí. Fue, es y ha sido siempre igual. Por qué quejarse cuando se puede acostumbrar uno a este tipo de racionamiento cultural. Así ocurrió también con Good Bye Lenin (Wolfgang Becker, 2003) que se nos concedió atisbar sólo dos años más tarde; y con Das Leben der Anderen, (2006) exhibida en diciembre del 2007 en el 29 Festival Internacional de Cine Latinoamericano sólo muy pocas veces (si no me equivoco, tres) y con la consabida, incómoda y violenta seguridad policial impidiendo el paso y dispuesta a propinar porrazos a todo el que intentara el peligrosísimo y arriesgado acto de entrar a un cine a ver una película que ha sido marcada y censurada por el ministerio pertinente. Vamos, hasta cuándo hay que aguantar estas ridiculeces. Cómo no pensar que el doblaje al español era un sabotaje contra la película y contra sus espectadores, restándole además mucho mérito a todas las actuaciones. Cómo no pensar que un subtitulaje revelaría mucho más que lo que pudimos oír, restando el supuesto valor artístico que irremediablemente se desecha cuando se cometen esas mutilaciones. Por qué la muestra no comprende novedades y todos son títulos conocidos. Y el supuesto plato fuerte es esta peliculita pretensiosa... Y por qué debo salir doblemente insatisfecha del cine pensando en todo esto. Alguien me consuela: Por lo menos había aire acondicionado. Algo en extremo difícil de encontrar en una sala cinematográfica por estos tiempos en La Habana. Sí, por lo menos, quizás por eso tanta gente. Y además, me insiste este conocedor de mi desatendida miopía, alégrate, porque si hubieses visto la película a la distancia que estabas de la pantalla con subtítulos no hubieses podido leer nada. Le propino una mirada aniquiladora y un esbozo de sonrisa poco amable y me regreso a casa a teclear esto.
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